Llegada de los negros caribes a Honduras  

   

 

En marzo de 1795, Chatoyé, jefe supremo de los negros caribes, proclamó su adhesión a la Revolución, tras lo cual las plantaciones inglesas en el lado de barlovento fueron atacadas y quemadas. Según un relato inglés, los prisioneros de Chateau Bellair fueron asesinados a sangre fría y se cometieron otras «atrocidades espantosas». Si los esclavos de las plantaciones se hubieran unido a los insurgentes, la rápida victoria de la causa republicana hubiera estado asegurada, pero existía un odio violento entre ellos y los negros caribes, que tenía sus raíces, más que todo, en la rivalidad por la venta de los productos de sus huertas. Los esclavos, por lo tanto, lucharon al lado de sus amos, haciendo posible que los ingleses resistieran hasta que llegaron refuerzos de Inglaterra.

Una poderosa flota bajo el mando de Sir Ralph Abercombie transportó numerosas tropas a las Antillas y las islas fueron cayendo una por una. La armada francesa en San Vicente, comandada por el General Marinier, capítulo en junio de 1796, después de las batallas decisivas de Old Vigie y New Vigie. Sin desmayar, después de la pérdida de Chatoyé al principio de la guerra, los negros caribes continuaron la guerra de guerrillas con la ayuda de algunos republicanos blancos y gente de color. Sin embargo, para fines de noviembre todos se habían rendido: cerca de 5000 caribes y poco menos de 1000 de sus aliados. Los plantadores británicos consideraron que ya no podían fiarse de sus vecinos «salvajes» y decidieron deshacerse de ellos.

 
   

 

Los prisioneros de guerra fueron enviados a la pequeña isla de Balliceaux, una de las Granadinas, mientras que los restantes caribes eran cazados por todo San Vicente. Muchos fueron capturados y pronto Balliceaux fue demasiado pequeña para albergarlos a todos. Fueron transferidos a Bequia y más tarde a Roatán, una isla en la Bahía de Honduras. Según un relato histórico, eran un total de 5040. Se dice, asimismo, que fueron puestos a bordo del barco Experiment, del Capitán Barrett, para ser deportados. Esta información no puede ser del todo correcta, ya que parece casi imposible que un barco sel siglo dieciocho pudiera transportar a tanta gente. Fuentes hondureñas establecen que la isla de Roatán fue invadida por negros transportados a bordo de dos buques de guerra a un bergatín. La fecha que se menciona es abril de 1797.

Las suposiciones sobre una invasión se basaban en el estado de guerra existente entre España e Inglaterra, que había sido declarado por el Rey de España en octubre de 1796. El coronel Ramón Anguniano, Gobernador de Honduras, así como otros administradores de las colonias españolas en el área, habían recibido instrucciones de prepararse para la defensa. En mayo de 1797, una fuerza considerable bajo el mando de don José Rossi y Rubí se dirigió a Roatán, pero no encontró resistencia y las relaciones que se establecieron entre los españoles y los negros caribes fueron amistosas. Los españoles les permitieron ir a tierra firme y ayudar a reconstruir Trujillo, que había sido incendiada por tercera vez por los piratas. Para finales del año solo unas pocas familias permanecían en Roatán, el núcleo de la presente población de la aldea de Punta Gorda.