Medina
García se ha convertido en uno de los narradores más representativos
de nuestra época, y ha revitalizado la narrativa hondureña
con las siguientes colecciones de cuentos: La oscuridad
nuestra de cada día (Guaymuras, Tegucigalpa, 2007); Pudimos
haber llegado más lejos (Guaymuras, Tegucigalpa, 1989);
Desafinada Serenata (Secretaría de Cultura, Tegucigalpa,
2000); La dignidad de los escombros (Guaymuras, 2002);
y la novela Cenizas en la memoria (Guaymuras, 1994).
Sus narraciones han sido traducidas al inglés, al alemán y
al italiano, e incluidas en diversas antologías: Honduras,
Cuentos escogidos, selección de Roberto Sosa. (EDUCA,
San José, 1998); Los Centroamericanos (Alfaguara,
Guatemala, 2002); Pequeñas resistencias 2 (Páginas
de espuma, Madrid, 2003); Cuentos hondureños, selección
de Leda Chávez (Editorial Popular, Madrid, 2005); And
we sold the rain, edición de Rosario Santos (Four walls
eight windows, New York, 1992); Prospero’s mirror
(edición bilingüe, Curbstone Press, New York, 1997); y, Der
Wundertäter [El Milagrero] (Erzählungen aus Süd-und Mittelamerika,
Berlín, 2006).
Una selección de sus cuentos, traducidos al italiano por Mássimo
Mécceri, fue publicada bajo el título Un paesse in affito
[Un lugar tomado] por Edizione Goree, en Pisa, Italia, en
diciembre de 2006.
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Confesionario
Editorial Guaymuras: ¿Cuál es su miedo
más grande?
Jorge Medina García: Carezco de grandes miedos. Tengo en cambio
muchos miedos menores, aunque intensos, como por ejemplo,
sobrevivir a alguno de mis hijos, saber que alguien de ellos
sufre duramente, recibir un tiro o una puñalada en cualquier
calle, morirme sin ver cambios trascendentales en la vida
de este país. Temores así, muy comunes en nuestra sociedad.
EG: ¿Qué olor lo transporta a la infancia?
JMG: El olor a madera recién cortada. El aroma de resinas
me transporta al tiempo de mi infancia en que brevemente visité
a mi padrastro cuando trabajaba en un aserradero.
EG: ¿Qué defecto suyo ha sido más persistente?
JMG: Entre mis muchos defectos, creo que la tenaz inclinación
a expresarme coloquialmente con palabras soeces se lleva la
palma. Precisamente ayer Doris, mi esposa, como una fórmula
de contención me propuso pagarle dos lempiras por cada palabrota
que me oiga. Yo acepté y ella ha encontrado el camino de hacer
una pequeña fortuna.
EG: ¿En qué no cree?
JMG: Soy un escéptico. Sería más fácil para mí decir en lo
que creo: Creo en los conceptos esenciales de la humanidad,
en la Libertad, la Igualdad, la Solidaridad y en el Trabajo.
Creo en la Ciencia, la Madre Naturaleza, la sonrisa de los
niños y en las Artes. Creo fuertemente en cosas de esas.
EG: ¿Qué escritores son sus favoritos?
JMG: Son varios. Entre ellos Galeano, Borges, Alejo Carpentier,
Arthur Miller, Carlos Fuentes, García Márquez, Pessoa, Roberto
Sosa, Eduardo Bähr, en fin…
EG: ¿Con qué figura histórica se identifica?
JMG: Principalmente con el general Francisco Morazán Quesada
y el comandante Ernesto «Ché» Guevara. Me ha interesado también,
en varios aspectos, el presidente Abraham Lincoln.
EG: ¿Cuál es su estado mental más común?
JMG: No lo sé con seguridad. A veces, muy pocas, soy algo
melancólico. Otras me enervan e indignan los actos de infamia
permanente de nuestra farándula mediática, política y empresarial
y me vuelvo un amargado. Creo que al final me salvan los momentos
de buen humor que vivo y que no son pocos.
EG: ¿En qué ocasiones miente?
JMG: Miento flagrantemente cuando se trata de no herir con
gratuidad a una buena persona («te queda muy bien ese vestido»,
«estás preciosa», «te expresaste muy bien», «me gustó tu libro»,
«creo que sí te daría mi voto». Ya se sabe).
EG: ¿A qué persona viva admira?
JMG: No ignoro que existen muchas personas en el mundo luchando
heroicamente por lograr mejores condiciones de vida para la
humanidad, dignas de todo reconocimiento, pero esencialmente
reconozco mi admiración al comandante Fidel Castro R. fuera
de nuestras fronteras y aquí entre nosotros al poeta Roberto
Sosa.
También a mi familia, la admiro por razones íntimas. No es
fácil convivir conmigo, creo.
EG: ¿En qué momento y en dónde ha sido
más feliz?
JMG: No puedo decir con propiedad que he sido enteramente
feliz en un determinado momento y lugar. He vivido —y lo agradezco—
instantes cálidos, tiernos, inolvidables (una hija que nace,
otra que se casa con un hombre bueno, una mano que se posa
con amor sobre mi cabeza) pero no puedo precisar un momento
especial y totalizador. Siento que ser feliz en este país
es traicionar a muchos.
EG: ¿Qué noticia le gustaría leer en
un periódico?
JMG: Una sola es muy poco. Permítanseme, por favor, imaginar
unas tres: «El Grupo de los Ocho ha decidido desmantelar sus
armas nucleares, clausurar sus industrias bélicas y emprender
acciones para desarrollar en los países pobres diversas tecnologías
para la producción de alimentos y medicinas». «Honduras en
la lista de los diez países más honestos y dignos del mundo».
«¡En la cárcel cientos de políticos, empresarios y ex gobernantes
hondureños!».
EG: ¿Qué libro le habría gustado escribir?
JMG: Las venas abiertas de América Latina. Es uno
de nuestros libros fundamentales.
EG: ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
JMG: Lempira, sin dudas.
EG: ¿Cómo le gustaría morir?
JMG: En mi cama, rodeado de mi familia.
EG: Dentro de poco tendremos su más
reciente novela Memorial del blasfemo, ¿qué ejes
están presentes en ella?
JMG: El eje dominante es la absoluta y total irreverencia.
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